miércoles, 6 de marzo de 2013

EFECTO GALATEA
   El rey de Creta, Pigmalión, buscaba a su mujer ideal. Ante sus dificultades para encontrarla, optó por esculpir a una mujer que reflejara todos los valores que deseaba: belleza, nobleza, sensibilidad, ternura… Cuando la terminó, era tan perfecta que se enamoró perdidamente de ella. Viendo el profundo amor que sentía Pigmalión, la diosa Afrodita dio vida a la escultura. Así nació Galatea.
La pasión de Pigmalión sobre Galatea acabó siendo la causa de que ésta cobrara vida y se convirtiera, realmente, en su mujer ideal. Esta historia muestra en realidad dos lecciones: por un lado, el poder que tienen de las expectativas respecto a los demás y que se denomina “efecto Pigmalión”; por el otro, la fuerza que tienen las convicciones sobre nuestro propio éxito o fracaso: es el “efecto Galatea”. No es una novedad que cuanto más convencidos estemos de ser capaces de hacer algo, mayor es la probabilidad de lograrlo, pero por desgracia sí es algo que se nos suele olvidar.

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