EFECTO GALATEA
El rey de Creta, Pigmalión, buscaba a su mujer ideal. Ante sus
dificultades para encontrarla, optó por esculpir a una mujer que
reflejara todos los valores que deseaba: belleza, nobleza, sensibilidad,
ternura… Cuando la terminó, era tan perfecta que se enamoró
perdidamente de ella. Viendo el profundo amor que sentía Pigmalión, la
diosa Afrodita dio vida a la escultura. Así nació Galatea.
La
pasión de Pigmalión sobre Galatea acabó siendo la causa de que ésta
cobrara vida y se convirtiera, realmente, en su mujer ideal. Esta
historia muestra en realidad dos lecciones: por un lado, el poder que
tienen de las expectativas respecto a los demás y que se denomina
“efecto Pigmalión”; por el otro, la fuerza que tienen las convicciones
sobre nuestro propio éxito o fracaso: es el “efecto Galatea”. No es una
novedad que cuanto más convencidos estemos de ser capaces de hacer algo,
mayor es la probabilidad de lograrlo, pero por desgracia sí es algo que
se nos suele olvidar.
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